Un hormigueo de dolor se sumerge en el vacío inclemente que habita mi pecho, palabras odiosas retumban en mi cabeza, me desconciertan y atribulan en medio de la soledad, lágrimas acongojadas se cohíben de salir pensando que no es momento de mostrar el alma.
Pedazos de corazón caen al suelo manteniendo aun su palpitar, recuerdos inherentes a ellos me hacen añorar aquellos momentos en los que yo era un todo, la prioridad, lo más importante, valioso y maravilloso que pudo haberte regalado la vida… pero una vez más he sido desplazada de aquel majestuoso pedestal, el que a mi vida había traído paz circunscrita en una sonrisa de alegría pura y cristalina cada momento del día.
La tristeza amenaza con ahogarme en el mar inmenso de mis pensamientos, pensamientos fundamentados quizá en la nada… nada más que ideas retorcidas nacidas en la envidia de muchos otros que han querido ver nuestro fruto en la ruina, y he sido tan vil de creer en palabras soeces, desconfiar del ser que más me ha dado¸ del ser que quizá más me ha amado.
Un cuentagotas de dolor me confronta con cada expresión que sin pensar he pronunciado y ahora el destino se encarga de mi castigo… la indiferencia del ser que más importancia tiene en mi existencia.
Un corazón arrepentido pide a gritos volver al abrigo de tu cariño, un alma desgarrada susurra que sin ti ya no es nada, la razón perdida suplica por ver en la oscuridad una salida… el ser que por ti se encontró quiere recorrer a tu lado el camino que logró descubrir tomado de tu mano.
Sé muy bien que no puedo darte mansiones ni lujosos automóviles, tengo un corazón… está un poquito roto pero si quieres puedo coserlo y regalártelo para que lo conserves tanto tiempo quieras tenerlo.
Siendo así, quedaría en mejores manos que las mías, jamás lograría hacerlo tan feliz como tú.
Sabes… a estas horas ya no sabría cómo vivir sin tu presencia, has sido el único ser capaz de acariciarme el alma con susurros verdaderos de amor.




